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El Aula Montpellier inicia su XX Ciclo de conferencias con un estudio sobre la ceguera

04-02-2020

La discapacidad visual (tener menos de un 5% de visión) afecta a más de 160 millones de personas y la ceguera (ausencia total de la visión), a 39 millones. ¿Qué ocurriría si estas personas pudieran llegar a ver a través del tacto? Este es el objetivo de un estudio que lidera el Dr. Tomás Ortiz Alonso, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador del Hospital HLA Montpellier de Zaragoza. Los resultados de este estudio fueron el tema central de la conferencia que este investigador impartió en el XX Ciclo Inaugural ‘Aula Montpellier’, foro de referencia en Aragón en la divulgación científico-médica que celebra este año su 20º aniversario.

El equipo del doctor Ortiz ha logrado desarrollar un sistema que permite ofrecer a los invidentes información del espacio a distancia. “Hasta ahora, podemos ofrecer información de la distancia de entre uno y tres metros”, indica- a los invidentes a través del tacto pasivo”.

“Las diferencias entre el tacto activo como el que se realiza en la lectura Braille y el pasivo estriban en que el tacto activo toma mucho tiempo, alrededor de dos o tres segundos en reconocer primero las partes y luego el total de lo que se está explorando, mientras que el tacto pasivo se produce en milisegundos. La información de la imagen, objeto o estímulo espacial se adquiere de forma inmediata al igual que en la imagen visual”, explica el ponente.

Este sistema consta de una micro cámara instalada en unas gafas que permite reconocer estímulos espaciales a distancia y envía esa información en forma de contornos o siluetas a un dispositivo táctil. Este dispositivo tiene casi mil puntos de estimulación y se coloca en la palma de la mano. El invidente necesita un entrenamiento para transformar la señal táctil que recibe su mano en información visual y espacial por parte en su cerebro.

En este momento el sistema está en fase de perfeccionamiento, necesita aún de bastante desarrollo asegurar que es útil para integrar al invidente en su entorno familiar, escolar o laboral”.

Los estudios desarrollados por el doctor Ortiz se centran principalmente en la población infantil y juvenil, de entre 4 y 11 años, ya que “cuentan con la ventaja de tener una plasticidad en su cerebro superior a la de los adultos. Los niños con ceguera congénita ofrecen una ventana de oportunidad para el estudio del entrenamiento con estimulación táctil repetitiva”, sostiene el investigador. Este entrenamiento, convenientemente realizado, podría proporcionar respuestas exportables a otros invidentes de cualquier edad, ya sea con ceguera adquirida o congénita, “excepto para aquellos en los que exista una lesión en las áreas cerebrales responsables del reconocimiento”.

En palabras del ponente, “el acortamiento y mejora de este proceso de entrenamiento, además de la demostración incuestionable de la capacidad de integración, permitiría el uso generalizado del dispositivo de visión táctil a nivel mundial”.

Los resultados científicos encontrados hasta ahora permiten entender que el niño ciego que ha sido estimulado mediante este sistema de estimulación táctil pasiva consigue una neuroplasticidad crosmodal que permite llegar a áreas multimodales y visuales primarias. Al ser estimuladas por la vía del tacto, el sujeto puede reconocer a una distancia de un metro personas, objetos, letras, palabras y lectura. “Incluso con estímulos muy simples hemos conseguido que algunos ciegos puedan tener sensaciones muy parecidas a las visuales (qualia visual)”, afirma el investigador.

El objetivo final de todos estos trabajos es que “las personas invidentes lleguen a ver como nosotros. Es decir, físicamente”, indica Ortiz. El reto ahora pasa por ampliar los estudios a sujetos cada vez con menos edad, para poder aplicar el sistema a una edad temprana. 

Concierto Manuel Tenorio

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